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Hace años, no tantos, los niños salían a jugar a la calle. A veces, sin la supervisión del adulto. Jugabas en el parque con tus amigos y subías a casa a la hora que te indicaban tus padres. La frase “voy a picar a Luis a su casa” o “me voy a jugar a la calle” eran habituales y se veían normales incluso en los niños que vivían en grandes ciudades.

Poco a poco, el paso de una generación a otra ha hecho desaparecer esa costumbre. El juego de los pequeños se ha vuelto más individual e incluso, las relaciones entre los vecinos más distantes.

Foto de @fotografo_xaviergarcia
Foto @fotografo_xaviergarcia

Antiguamente, en un bloque de viviendas, se dejaban las puertas abiertas y los vecinos se conocían y se prestaban ayuda. También en la crianza de los hijos. Actualmente, el ritmo de vida es más rápido. Padre y madre trabajan y cuando llegan a casa, no hay tiempo para socializar.
Sin embargo, el confinamiento de 2020 ha hecho que pasemos más tiempo en casa y que, conozcamos a esos vecinos con los que sólo cruzábamos media palabra en el ascensor. Los aplausos en los balcones del año anterior también permitieron mirar hacia nuestros vecinos, detenernos a ver quien vive dentro de esas casas.

A raíz de ahí, de esa mirada más atenta y amable hacia el vecindario, muchos vecinos vuelven a reivindicar la importancia de la comunidad. Muchas calles de Barcelona han ganado metros a los coches y se han vuelto peatonales. El aumento de accesibilidad a través de una movilidad segura y la creación de zonas donde compartir ocio favorece que podamos pasar más tiempo de ocio en nuestro propio barrio.

Las tradiciones de cada barrio vuelven a coger protagonismo, las asociaciones de vecinos esperan en muchos barrios que la pandemia de tregua para volver a reunirse, a celebrar y a festejar. Y es que, el ser humano no podría vivir sin relacionarse con otras personas, puesto que somos “seres sociales”. Por tanto, la importancia de “pertenecer” a un grupo, en este caso secundario como es el vecindario es muy enriquecedor y aporta aspectos muy positivos como la sensación de pertenecer a un grupo, la ayuda en la propia comunidad mejora la sensación de sentirse acompañado y brinda una red de apoyo mutua fundamental en cualquier etapa de la vida.

Además, en ciudades grandes que a veces pueden resultar muy solitarias, hacer “vida de barrio” permite conocer al vecindario y aumentar así las relaciones interpersonales estableciendo nuevos vínculos. Qué duda cabe de los beneficios que esto supone para la calidad de vida de las personas.

Laura Cedan psicóloga clínica y psicopedagogaSoy Laura y soy psicóloga clínica y psicopedagoga. Mi trabajo consiste en evaluar, diagnosticar y tratar trastornos psicológicos o cualquier problema o dificultad que te pueda surgir. Trabajo en una línea de trabajo que se ajuste a tus necesidades y te oriente para hallar solución a tu problema. Forma parte de mi trabajo orientarte en cuanto a tu desarrollo personal y ayudarte en la gestión de tus emociones.

Tengo más de 15 años de experiencia en el tratamiento de niños, adolescentes y adultos. Mi orientación es cognitivo conductual y puedes encontrarme en Barcelona o mediante consultas on line.

Psicòloga i psicopedagoga
Laura Cerdán
34657187426
laura@lcpsicologia.com
www.lcpsicologia.com
@lcpsicologia

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