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Luego de la pandemia y particularmente en Estados Unidos hubo un gran número de personas que dejaron su trabajo por voluntad propia. Más allá de la exageración para vender la noticia, este era un hecho predecible dadas las consecuencias que tuvo la pandemia sobre la vida de los trabajadores: alterando y trastocando su manera de trabajar, su balance vida personal-trabajo, la gestión de los hijos (y padres), el trabajo desde casa, videoconferencias todo el día, flexibilidad horaria, los efectos psicológicos del confinamiento, etc.

Estos cambios ocasionados por la pandemia aceleraron o precipitaron, una transformación que ya se venía gestando desde hace bastante tiempo de una manera más gradual y progresiva.

Lo cierto es que con la pandemia o sin ella,  la gente está buscando ahora una mayor flexibilidad laboral. Particularmente, se observa esta tendencia en las parejas con hijos pequeños y en las madres que trabajan. El cambio generacional también trajo un cambio del contrato psicológico de parte del “empleado”. Aquel compromiso casi incondicional con la compañía ha quedado ya obsoleto y los millenials están mucho  más comprometidos con su propio bienestar y con su calidad de vida integral. Los logos bonitos, las visiones poéticas, los CEO’s “verdes” de tanta sustentabilidad y los valores heroicos que se leen en las páginas de internet ya no logran vender una historia que atraiga nuevos “esclavos del trabajo” como era unas décadas atrás….       

Renunciar y cambiar de trabajo es entonces una oportunidad ideal para re-negociar las condiciones de trabajo, para renovarse y para cambiar de aire.

Luego de casi dos años de tensiones y estrés pandémico, todo cierra favorable a los vientos de cambio…

Terminada esta pequeña introducción del contexto laboral actual, pasemos a lo que una persona se pregunta cuando piensa en cambiar de trabajo

  1.  ¿Qué tan arriesgado es cambiarme de trabajo ahora mismo?
  2. ¿Será que la otra compañía es realmente mejor o es más de lo mismo?
  3. ¿Podré renegociar las condiciones que no me agradan en mi trabajo actual?
  4. ¿Qué señales me indican que debo pensar en cambiar de trabajo?

Empecemos entonces siguiendo ese orden…      

  1.       El Riesgo

COVID parecía estar empezando a darnos algún respiro cuando la crisis de Ucrania nos vuelve a golpear en la cara. La repercusión de una escalada bélica en los mercados -que ya venían afectados por la pandemia de COVID- no parece ser alentadora. En el mejor y más optimista de los análisis yo diría que el riesgo actual parece comparable o peor al de los tiempos de pandemia. La evolución de este conflicto bélico y su impacto acumulativo en la economía global dirá en qué medida esto afectará la demanda, el consumo, la bolsa, la cadena de suministros y la oferta laboral. El resto de la historia depende ya del estado emocional y psiquiátrico del Señor Putin.

En conclusión: Si esperamos un mundo más tranquilo para poder cambiar de trabajo podemos llegar a esperar un tiempo muy largo, que esto no justifique la inercia.      

  1.     La “nueva” compañía

El jardín del vecino siempre se ve más verde que el nuestro.

Todos tendemos a idealizar a las otras compañías en detrimento de la propia. Lo mejor es ser cauto. Lo que mejor funciona es conseguir “insider information”: gente de confianza (y parecidos a nosotros…) que trabajen o hayan trabajado recientemente en la compañía adonde quiero moverme, y que me puedan hablar informalmente y con bastante detalle acerca de la cultura, del ambiente de trabajo, la gente, los horarios, la flexibilidad, las políticas, el bienestar, los valores, los líderes, etc.

Lo que informa el website, por sí solo, no suele ser de gran ayuda en estos tiempos de marketing agresivo. Las páginas de internet son siempre sexis y atractivas, para eso están, para atraer. Nunca el lector va a encontrar una compañía que diga “aquí explotamos a nuestros empleados”, “los directivos ganan una fortuna pero no el resto de los mortales”, “los valores solo se exhiben en los cuadros del pasillo, de ejercerlos ni hablemos”, “el director de finanzas se acuesta con su secretaria y todos los sabemos”, “Olvídese de volver a su casa antes de las 20 hs.”

Aclarado esto, si en mi lugar de trabajo actual no estoy bien: porque no me siento parte del proyecto, no logro conectar con la gente, estoy siempre malhumorado, vivo mirando el reloj, etc. asumir el riesgo de un cambio bien merece la pena ante la certeza de seguir mal adonde estoy.

La ecuación costo/beneficio siempre se vuelve más complicada cuando estoy bien en mi trabajo actual y lo único que me lleva a considerar el cambio es una mejor oferta de compensación.

En conclusión: No idealizar, informarse muy bien y de buenas fuentes internas. Si adonde estoy ahora, ya estoy mal, pues no tengo tanto para perder… a explorar el mundo y a intentar estar mejor.      

  1.     Las nuevas condiciones laborales 

Definitivamente las condiciones se negocian mejor antes de entrar y de firmar la oferta de trabajo. Sin duda existe más flexibilidad en el mercado, el trabajo “hibrido” es un hecho hoy. Hay algunas compañías que todavía se comportan como dinosaurios del pasado pero hay muchas otras que han evolucionado hacia una mayor flexibilidad laboral que tan demandada resulta por las nuevas generaciones, la multiculturalidad, la globalización y la creciente diversidad.

En general, las empresas grandes y las tecnológicas suelen ser más flexibles que las empresas familiares o de categorías más tradicionales.   

En la medida que se produce un relevo generacional en el lugar de trabajo, el cambio hacia una mayor flexibilidad es inevitable.

Al mismo tiempo, la evolución y la accesibilidad a tecnologías de comunicación remota y de trabajo colaborativo on-line solo aceleran y facilitan este proceso de flexibilización y transformación de las formas de trabajo.

En conclusión: Sí, existe más flexibilidad que antes y en muchos casos se puede negociar ciertas condiciones antes de entrar. Pregunte por las políticas internas existentes referidas a trabajo remoto o híbrido. Si no existen, intente entonces que quede aclarado en el texto de la oferta. Los jefes cambian, la gente de RRHH cambia y a las palabras se las lleva el viento de cambio…

  1.     Las señales 

“por qué quieres cambiar de trabajo”

Hay muchas razones posibles y bien válidas para dejar un trabajo o cambio de lugar de trabajo dentro de la misma empresa.

También, como mencione antes, hay muchas idealizaciones personales que llevan a pensar que la felicidad no está aquí y ahora sino allí y después: cuando logre esa meta, cuando me promuevan, cuando obtenga un bono, cuando me pueda comprar una casa, cuando me den un coche de la compañía, tenga un barco o quién sabe qué.

No puedo ni pretendo cubrir todas las razones imaginables pero trataré de mencionar las que son estadísticamente más frecuentes e importantes.

A – Compensación y Beneficios

La gente deja su trabajo porque le llega de manera inesperada una oferta superadora o, alternativamente, porque ya estaban buscando activamente una mejor paga. Esto es comprensible en ambos casos, no solo se vive del amor. Solo hay que tener mayor cuidado si en mi actual trabajo estoy muy bien. No vaya a ser que por un 20% extra de salario paso a tener una vida peor, un jefe insufrible o una cultura enfermante. No todo lo que reluce es oro y lo esencial es invisible al bolsillo.

B – Estancamiento de carrera 

Hablando más estrictamente, se trata de una discordancia ente mis expectativas de crecimiento y las oportunidades o los tiempos dentro de la actual compañía. En estos casos puedo optar por moverme y ver si en otro lugar tengo mayores oportunidades o bien, mucho más seguro,  aceptar una oferta de otra compañía que ya incluye una promoción (en lugar de una “posibilidad” de carrera).

Esto posibilita o acelera la carrera profesional mediante saltos de compañía. Obviamente esto es contingente a que otras compañías del mercado sean capaces de percibir en mí el talento y/o la capacidad que la actual compañía no está viendo o valorando.  

C – Mi jefe/a

Los jefes incapaces son tal vez la causa número uno para huir de un trabajo. La incapacidad puede tomar múltiples tonalidades distintas: incompetencia lisa y llana, micro-management, tiranía, falta de integridad, falta de valores, falta de carácter, liderazgo o influencia pobres, baja inteligencia emocional, egocentrismo, arrogancia, combinaciones de las anteriores y un largo etcétera. Los malos jefes pueden hacer la vida de uno miserable y, para peor, son los decisores o influenciadores clave en promociones, evaluaciones de desempeño, incrementos salariales, bonos, capacitaciones, asignaciones, proyectos, viajes, etc.

Adicionalmente, cuando yo tengo el convencimiento de que mi jefe/a es inepto/a, seguramente eso desembocará en una mala relación o en un conflicto interpersonal… Definitivamente este último es otro muy mal indicador acerca de mi futuro y mi calidad de vida en esta empresa...

  D –  Aprendizaje y Desarrollo

Esto no es lo mismo que el estancamiento de carrera, en este caso lo que percibo es que no estoy aprendiendo cosas nuevas, que no me siento desafiado, que no puedo aplicar mis fortalezas y habilidades favoritas, que no puedo aplicar mi creatividad o bien que no tengo suficiente autonomía para decidir las cosas por mí mismo. Todo esto lleva a que la persona se sienta sub-aprovechada, subestimada o aburrida en relación a sus capacidades. Esto afecta la motivación y, de no corregirse, es una razón clásica y muy válida para abandonar el barco.

E – Cultura, ambiente y grupo humano

Este es un factor clave para quienes son más sociales, afectivos, orientados a las personas y a la colaboración. Una cultura híper competitiva, sin sentido de equipo, con un entorno tóxico, lleno de confrontaciones, conflictos y chismes puede acortar dramáticamente su vida dentro de la empresa. Hay culturas en donde los que “sobreviven” a lo largo del tiempo son los que tienen la piel más gruesa e impermeable a las críticas abrasivas y al malestar social. Los que no se adaptan a vivir de esa manera, se alejan a toda velocidad en busca de culturas más amigables. Y de lo bien que hacen si no se sienten cómodos en ese tipo de entorno.  

F – Liderazgo, ejemplo personal y valores en acción       

Pongo estos tres elementos en una línea porque no se los puede separar excepto en un análisis académico. Hablar del liderazgo “en abstracto” es un ejercicio intelectual para la universidad. En la vida dentro de la empresa los valores y el liderazgo es lo que hacen (o no hacen) a diario los directivos de la organización (Directores Locales, Regionales, Globales, Vice-Presidentes, CEO). Los contribuyentes individuales y la gerencia media imitan y siguen lo que ven en su día a día, sean estas prácticas buenas o malas. El cuidado y el respeto por las personas, la integridad, la honestidad, la sinceridad, la apertura vienen del ejemplo personal y permean de arriba hacia abajo. Cuando las organizaciones son sanas cuentan con un “sistema inmune cultural” que les permite neutralizar o desarticular la deshonestidad, la corrupción, el abuso, el acoso, la mentira, el cinismo, el favoritismo, el tráfico de influencias, la politiquería, el chisme, el intercambio de favores, etc.

Cuando uno observa que una organización promueve consistentemente a personas de pocos escrúpulos, sin valores o sin integridad, debe intentar salir de allí tan pronto como resulte posible. Si “arriba” no hay valores, no puede esperarlos abajo. En caso que Usted sea promovido dentro de ese tipo de organizaciones, no puede esperar otra cosa que formar parte de ese tipo de comportamientos.

G – Significado, misión, contribución social, orgullo de pertenecer

Se trata de tener (o no) una conexión profunda con lo que uno hace, con el sentido último de mi trabajo como contribución social. No es lo mismo trabajar en la investigación para la cura del cáncer que trabajar en una fábrica de misiles balísticos o en una empresa que tala madera en el Amazonas. Para algunos una buena paga puede cubrir el malestar moral pero eso no le cabe a todo el mundo. Algunos buscan un significado y un sentido en su trabajo y no pueden ni quieren tapar el sol con la mano. Sentirse vacío por dentro no funciona por mucho tiempo. 

 H – Balance vida personal-trabajo, bienestar y calidad de vida

Este es un aspecto en franco crecimiento con el aporte de las nuevas generaciones que se incorporan al mercado laboral. Los jóvenes valoran de un modo diferente el bienestar y el balance frente a un crecimiento de carrera “a cualquier precio”.

Esto es, si una empresa me impone horarios y ritmos de trabajo incompatibles con una vida personal saludable, me voy y busco otra cosa.

Aquí no hay que malinterpretar los datos. Los jóvenes sí valoran una buena compensación, buenos beneficios o una promoción al igual que lo hicieron las generaciones anteriores, lo que no aceptan es hacerlo a expensas de perder su bienestar o su salud. El concepto de “sacrificarse por la empresa” o “darlo todo” para “hacer una carrera” ya no se percibe con el mismo valor intrínseco en este nuevo paradigma laboral.

Sufrir de estrés crónico, tener sentimientos negativos recurrentes y cansancio a causa de un trabajo que nos quita nuestra vitalidad, nos deja a merced de  enfermedades físicas y mentales. Bien vale la pena intentar algo diferente en otra parte.

 I – La marca o logo como sello de escuela o calidad

Algunas compañías son verdaderas “marcas” de desarrollo en ciertas competencias técnicas o gerenciales. La gente reconoce un currículo profesional con el aporte de una “buena escuela”. Por ejemplo el desarrollo de carrera de P&G, el marketing de Coca-Cola, el “big data” y la tecnología de Google, el manejo del mercado suntuario en Rolex, etc. A veces, un empleado puede optar por dejar su empresa simplemente para sumar este tipo particular de experiencias “escuela” en su historia laboral ya que resultan en un activo valioso y apetecible dentro de sus antecedentes. Del mismo modo que una buena Universidad representa una diferenciación cualitativa o un sello de calidad, una experiencia laboral dentro de una marca globalmente reconocida también tiene un valor agregado.  

J – Pérdida de la fe, la energía y la motivación 

La persona se desencanta, “pierde la fe” en su compañía, en la estrategia, en el futuro del negocio, en el management o en todas las anteriores. Cuando esto ocurre, es mejor para las dos partes que el empleado busque nuevos horizontes en donde su energía y su motivación se puedan recargar y renovar.

Ir a trabajar con apatía, desmotivado, y tener un trabajo que es una especie de padecimiento o “tortura”, es una forma de agonía desgastante y muy peligrosa para la salud.

 K – Cambio de carrera, rumbo o vocación

A veces una crisis de sentido importante o el agotamiento de un ciclo pueden disparar una necesidad de cambiar drásticamente el rumbo. Hacer algo diferente a lo que estudiamos o a lo que hemos venido haciendo durante años en el trabajo. Esto es comprensible y no vale la pena ignorarlo o reprimirlo por consideraciones prácticas o por una inercia al confort. Cuando un ciclo se agota, pues a terminarlo. Emprender algo personal o asociarse con otros para perseguir un proyecto propio, quien sabe cuál puede ser el sueño que uno todavía necesita perseguir para sentirse bien. Nada peor que quedarse con la duda de lo que pudo haber sido. 

Para terminar con esta nota quiero recomendar que siempre antes de iniciar un proceso de cambio laboral procuren lograr claridad acerca de:

  1.       ¿Qué es lo que no funciona en mi trabajo actual?
  2.     ¿Puedo -y quiero- intentar cambiar eso hablando con alguien?
  3.     ¿Qué quiero lograr con este cambio de trabajo y de compañía?
  4.     ¿Qué necesito que sea diferente en el futuro?
  5.   ¿Qué entorno cultural, social, humano y de valores necesito para estar más a gusto en mi trabajo?
  6.     ¿Haciendo qué tipo de tareas y aplicando cuales de mis fortalezas y habilidades favoritas?

Un plan puede llegar a fallar, uno nunca controla todas las variables. Pero no tener ningún tipo de plan es dejarlo librado a la suerte.            

Nota del Lic. Leandro Javier Pérez Surraco